PRIMER PREMIO DE RELATOS CORTOS "AINOS"

Tema: "Fuera de casa"
Premio: Estancia de una semana en las casas rurales LA CASINA DE TEDEJO o LA NOCEDITA (Zona El Bierzo/León) El premio se otorga por parte de:
www.casasruralesalquiler.com
https://www.facebook.com/pages/Casas-rurales-Bierzo-León-Alquiler-sin-intermediarios/408372519270105?ref=hl
Abierto a: Mayores de 18 años
Entidades convocantes: Cromlech Cultura / Art Mallorca
Fecha de cierre: 21 de noviembre de 2014
Emisión del fallo: 22 de diciembre de 2014
Ámbito: España
BASES
Se convoca el primer Concurso de de Relatos Cortos "AINOS" por parte de Art Mallorca y Cromlech Cultura, una nueva iniciativa para fomentar la creatividad literaria.
1. Cada relato deberá estar escrito en castellano, tener una extensión mínima de dos folios y máxima de cinco folios en formato Word, cuerpo de letra 12 a doble espacio, ser original, y no haber sido presentado a ningún otro concurso. No se admitirán fotos en el texto y el archivo del documento deberá tener el título del relato. Los autores deberán titularlos de forma original y que haga referencia al contenido.
2. Los relatos deberán ser enviados por correo electrónico a: cromlecultura@gmail.com ó info@artmallorca.es, antes del día 21 de noviembre de 2014, en formato word.
3. Al final de cada relato deberá indicarse el nombre, domicilio, correo electrónico y teléfono del autor. No se admitirán seudónimos ni relatos en los que no figuren todos los datos señalados.
4. Cromlech Cultura y Art Mallorca tomarán las medidas necesarias para garantizar la seguridad y confidencialidad de los datos enviados, usándolos solamente para gestionar el concurso.
5. El Jurado estará compuesto por, al menos, tres personas cualificadas en literatura. Su identidad no se hará pública hasta la emisión del fallo.
6. El fallo del Jurado se emitirá el 22 de diciembre de 2014.

GANADORA DEL I CONCURSO DE RELATOS CORTOS AINOS
"EN CASA EXTRAÑA" (ROSARIO MARTÍNEZ)

No pudo llegarme en mejor momento la invitación de mi amigo para ocupar su piso vacío. Él no iba a necesitarlo durante una larga temporada. Y yo...yo acababa de ser despedido de mi trabajo y el desconsuelo inundaba mi espíritu. El mundo se había vuelto hostil. Mi novia argumentó que necesitábamos reflexionar sobre nuestro futuro, mis compañeros de trabajo habían dejado de llamarme, de interesarse por mi vida, y mi casera frunció el ceño en una mueca espantosa cuando le dije que tuviera paciencia. Que era un desecho lo sabía pero, a veces, la verdad es lo último que necesitamos escuchar.

Un piso de dos habitaciones, una pequeña cocina y un aseo no se puede decir que sea un palacio pero, dadas mis circunstancias personales, eso me pareció. Ocupé la casa con cierta aprensión y vergüenza, ¿no estaría abusando de su hospitalidad?
Nada más traspasar la puerta de entrada un ruido quejumbroso había llegado a mis oídos. Alguien se deshacía en breves lamentos.
Quedé complacido cuando vi que un pájaro compartiría mi soledad. Al menos podría corresponderle con mi faceta de amante de los animales.
En el salón, al lado de la ventana, estaba la preciosa jaula dorada con un diminuto jilguero azul. ¿Era posible que de ese montón de huesecitos y plumaje pudiera salir ese lánguido sollozo? Me acerqué a saludarle. Cu-cu...El pájaro huyó al fondo de la jaula. Lo hizo de una forma altanera, marcando el paso con sus patas de alambre, como con cierto aire militar. Adiviné al instante una impostada seguridad. Al verse observado metió la cabeza entre las alas y decidió ignorarme. Un silencio cómplice se estableció entre nosotros. ¿Asombro, miedo, intriga, incredulidad…?
Me instalé en la habitación más pequeña, la interior. La otra, situada enfrente, era el dormitorio de mi amigo.
Al día siguiente hice la mudanza con mis escasas pertenencias personales.
Tenía por delante todo el tiempo del mundo. Exceptuando la escasa media hora que dedicaba a leer las ofertas de trabajo en el periódico, el día se me presentaba vacío de quehaceres. Al principio me negué a abandonar mis costumbres civilizadas: continuaba poniendo el despertador, interesándome por el pronóstico meteorológico, cargando la batería del móvil. Eso duró un tiempo. Luego vino la debacle. Llevaba pateada la ciudad sin resultado, sableado a mi familia con la ansiedad de un drogadicto y amanecido hecho un mar de pesadillas. Todo se había derrumbado y yo estaba entre los escombros. Nadie, nadie se ocuparía de mí, moriría como un perro callejero. La sensación de estar solo en el mundo se agigantó, tomó proporciones de catástrofe.
Esto me llevó a pensar que el cuidado de un ser vivo siempre es motivo de satisfacción y caudal de ternura. Si llegaba a un acuerdo con el jilguero podría sentir el latido de la vida de otra manera. En el fondo, envidiaba su situación. Casa propia, alimento y alguien que se ocupaba de él. ¿No era ese el anhelo de cualquier humano?
Lo intenté. Pero, en contra de mis deseos, el pájaro se convirtió en una pegajosa compañía. Comíamos a la misma hora, veíamos el telediario juntos, nos adormecíamos con los CD´s de música clásica que me devolvió mi novia, reflexionábamos mirando por la ventana y nos retirábamos a dormir a la misma hora. A veces, hasta le descubrí mojando migas de pan en el agua, al mismo tiempo que yo rebañaba la salsa de mi plato. En estos casos mi escasa autoestima se esfumaba pensando en el tipo de vida que llevaba. No es alentador tener el mismo ritmo biológico que un jilguero y más si se advierte en el compañero un círculo vital perfectamente definido, sin alteraciones ni miedos en su conducta.
Además, no había momento en que no me sintiera espiado y juzgadas mis acciones. El pájaro seguía todos mis movimientos con su mirada escrutadora. A veces con ruidos estridentes más propios de un loco que de un simple jilguero. Así fue durante meses. ¿Cuánto tiempo duraría esta situación? A juzgar por su obcecación en anularme…podría ser… ¿para siempre?
Recordé entonces el gesto descompuesto de mi amigo, su alteración al despedirse y sus palabras enigmáticas que atribuí a la excitación de su inminente viaje.
– Estaré fuera una larga temporada. Me voy a conocer esferas menos volátiles, donde espero que las cosas sean lo que parecen.

Una de las noches en que la sudoración había empapado las sábanas y la incontinencia urinaria me había hecho visitar el baño dos o tres veces, escuché como un repiqueteo de uñas en la mesilla. Tac, tac, tac... Encendí la luz y vi al jilguero picoteando el despertador como si quisiera comerse mi tiempo. ¡Otra vez había dejado la jaula abierta!
Maldije al pájaro. No se conformaba con tener su seguridad resuelta, alpiste y agua fresca, sino que, además, se permitía el lujo de asaltar mi habitación y despreciar mi sueño.
Le cogí por el cuello para pedirle explicaciones.
– El mundo está mal repartido – le dije. ¡Eres un bicharrajo presumido que solo sirves para gritar y vives como un rey! ¿Qué pretendes?
–Hiiii... griiii...hiii...
Desde el fondo de mi puño vi dos ojos humanos que brillaban como brasas. Le solté sobresaltado.
Con la sensación de unas manos alrededor de mi cuello, corrí angustiado hacia el dormitorio de mi amigo donde había hecho el descubrimiento algunos días antes. ¡Qué bien le comprendía! No es fácil sentirse acosado a todas horas.
Allí estaba todavía la nota relacionada con el cuidado de la casa. Sorprendido, comprobé que no había una sola alusión al jilguero. Miré a mi alrededor. Todo era orden. Abrí cajones y armario. Los primeros minutos fueron de confusión. Al fin encontré lo que buscaba: una pistola y una caja de zapatos vacía.
Miré la fotografía de mi amigo que estaba encima de la cómoda. Vi sus ojos tan llenos de escrúpulos y falta de coraje que sentí náuseas por los dos.
Salí tambaleante, inseguro.
Todo el día permanecí en mi cuarto royendo mis indecisiones, mis miedos, mi forma barata de enfrentar la vida, con los ojos cerrados y el oído atento a cualquier signo exterior.
Era pasada la media noche cuando recorrí descalzo el tramo que me separaba del salón. La oscuridad era casi absoluta, apenas la lejana luna vertía su claridad sobre la parte más próxima al exterior. ¿Dormía mi enemigo? En mi mano derecha llevaba la pistola, en la izquierda la caja vacía.
Un grito selvático se escuchó a mi espalda. El jilguero, desprendiéndose de la lámpara del techo, emprendía un vuelo desbocado hacia mi cara. Me protegí con la caja, solté la pistola. Yo tampoco fui capaz.
Un frío de niebla entró por la ventana abierta. Me sentí empequeñecido, diminuto, casi invisible. Me tenté los omóplatos, donde parecían querer surgir dos protuberancias, y contuve el gorgorito que acudía a mi garganta como un vómito.
¿Qué hacer? En momentos de indecisión, de la antecámara del cerebro acuden ideas premeditadas, antiguas; surgen como luminarias en forma de solución y nos dejamos llevar por ellas en un acto de total sumisión.
Eso debió ocurrir cuando entré en la jaula dorada y, con la garra derecha entre los barrotes, conseguí cerrar la puerta desde afuera.
Aún pude ver el corto revoloteo del jilguero emprendido en medio de la noche, sin rumbo, desconcertado, sin cobijo donde planear el resto de su vida. Será porque todos necesitamos un lugar cálido para vivir y también para morir.
Nada más añadir que necesité un gran vuelo imaginativo para volver a sentir el agua de la ducha sobre mi espalda, ahora que únicamente podía remojar el pico y las patas.

PREMIO ESPECIAL

"EL PRINCIPIO ANNA KARENINA" (JAIME ROIG DE DIEGO)

Él lo llamaba “El principio Ana Karenina” por el cual, todos los clientes felices se parecen, y cada cliente de la competencia infeliz tiene un motivo especial para sentirse desgraciado.

En ese instante, se estaba dirigiendo a un grupo de esa clase de clientes afortunados de que fuera él, Víctor Valdivieso quien llevara sus cuentas como Director Creativo-Ejecutivo en una de las más prestigiosas Agencias de Comunicación.
Apoyado en un atril de metracrilato, leía en un Telepronter, como una estrella de televisión, todas esas frases que formaban el preámbulo argumentario de la campaña. Las lanzaba con seguridad a esa piscina de caras rubicundas y complacidas. Un público duro que dominaba totalmente.
Lo hacía con la eficacia de estar construyendo el esqueleto de un navío: Primero una frase llamativa para despertar la atención (la quilla); otra rápida y seguida (la sobrequilla). Rápidamente seguían unos argumentos (a manera de cuadernas, luego ceñidos por baos) y ya podía ir a rellenar el casco recién formado, con la campaña creativa propiamente dicha y botarlo para aquellos armadores satisfechos.

Todo estaba sucediendo con la rutinaria tranquilidad habitual. La parte de las preguntas y el debate aún tardaría un poco en llegar. De repente Víctor comenzó a notarse extraño. Una cierta debilidad general cayó sobre su cuerpo como una pesada gabardina de plomo. Un súbito e intenso dolor de cabeza apareció como de la nada y lo más sorprendente: en primera fila estaba el Capitán Acab ¡de Moby Dick! que a pesar de la dificultad de manejarse con su pata de palo se estaba levantando y dirigiéndole su mirada acusadora para increparle

- ¡Al fin me enfrento contigo, desde el corazón del infierno!

Víctor balbuceó algo antes de ver un borroso movimiento de gente que se levantaba. Intentó seguir hablando pero la oleada de vértigo pudo con el.

Al despertar en la lujosa Clínica, creyó estar sólo a pesar de oír ruidos cercanos. La luz del mediodía de un día muy luminoso le impedía ver bien donde estaba.

- ¿Me he muerto?... ¿esto que es?.

La melena rubia de su mujer y la cara entre alegre y divertida, apareció rápidamente con una sonrisa radiante

- Cariño, la gente suele ser más sencillita. Pregunta “¿dooondeeee estoooy?” (imitó una voz agonizante) al tiempo que besaba a su marido en la frente con sincera alegría.

- Susana, no deberías reírte de un casi muerto, si es que me aseguras que no lo estoy ni tu tampoco. La verdad es que esto no tiene la pinta del Paraíso. Yo siempre me lo he imaginado con palmeras aunque se empeñan en pintarlo como si fuera “el Olympo del Colchón” con nubes y gente vestida de blanco…mullido y aburrido…¡bfff!.
- ¡Que te parece!. Nada más llegar de regreso a la vida y ya haces campañas.
¡Mi amor!. ¡Nos has dado un susto de muerte!.
- ¿Lo ves?.
- ¡Ay! Dejémonos de eso.
Siguió una pausa silenciosa en la que se le humedecieron los ojos.
- Has sufrido un ictus
Victor abrió los ojos en una angustiada pregunta muda, llena de muchas otras, como una Matrioska.
- No. Afortunadamente no te ha dejado secuelas. Es una suerte. Pero tenías según parece un nivel de estress muy alto, te lo habían advertido ¿verdad?...
(Silencio elocuente)
Si. No me tienes que decir nada y todo está arreglado. Te van a dar el alta ya. Y nos vamos a León a una casita rural.
-Pero no puedo…
Ya está hablado con tus socios. Se han asustado mucho y me dicen que los de seguridad tienen órdenes de no dejarte entrar en el edificio. Y no necesitas nada. Vamos a ver Nogales, Castaños y mirar cómo pastan las ovejas. Todo analógico. No creo que necesites nada más que las gafas, para eso. Te dejo llevar algún libro. ¿Te cojo “Moby Dick”?
-¡¡¡¡NO!!!
- ¡Aaay!...era tu libro de cabecera…¿le has cogido manía?. Pues…
- Ya compraremos algo en una gasolinera
- ¿En serio?...¿dónde has estado tu?...
Bésame y llévame a que me devoren los osos en esa casita de chocolate tuya.
-¿Osos?...yo he hablado de ovejas.
- Entonces habrá culebras…si es tan rural
- Bueno, en “Tele-Boa” he pedido que nos tengan preparada una “Constrictor”. ¿O prefieres una “Pitón”?.
- Ya que estoy aquí que me vacunen contra la Malaria y el Paludismo.
-¡Cielo santo!.
- ¡y cómprame un Salacot!

La casita estaba situada a la falda de la sierra de Gistredo. Efectivamente había nogales, castaños y prados de un verde restallante.

-Debo reconocer que la casa es preciosa. ¿Quién te la ha alquilado, Hansel o Gretel? Espero que no sea la bruja. Dile que estoy muy medicado y debo ser tóxico y correoso. Que se coma a otro.
-Si que eres correoso, si.

Al entrar, les recibió la chimenea encendida. La viva imagen del confort. Junto a ella, en una mesita, había una caja envuelta con el papel de una conocida librería.

- He pedido las últimas novedades. Y en atención a tus gustos, que saben cuales son, han hecho una selección. Tienes para ir tirando, pero eso no significa que te vayas a quedar todo el día encerrado.
-¿Tengo que acompañar a Dora la exploradora?
- ¡Tienes que disfrutar de todo eso que está ahí fuera, urbanita recalcitrante!

Aquella noche, bajo un edredón envolvente, en una cama que le recordaba alguna en la que había dormido en su infancia, antes de dormirse echó una mirada algo temerosa a las ventanas. Tas los cristales, y a la luz de la luna, las copas de los castaños mecidas por un viento suave semejaban un mar tranquilo en el que, ya con un pié en la zona de los sueños, imaginó que navegaba el “Pequod” a la búsqueda de “Moby Dick”.

En aquellas semanas, los días cobraron una dimensión completamente distinta a la que estaba acostumbrado. No se regían por el reloj, el teléfono o la agenda. No había reuniones, citas ni actos sociales ni de negocios. La duración de las horas y el ritmo del día se acomodaban a los instintos más elementales: desayunar, pasear, recoger bayas, visitar una granja vecina, comprar para cocinar y comer de las materias de la zona, productos sanos que hacían cumplir con alegría la dieta prescrita a Víctor.
Sin apercibirse, sus ritmos circadianos, se habían sincronizado con aquel paisaje. Y ahora, su sueño, el apetito y otros impulsos, respondían a la luz como los mismos animales del entorno, en un acto tan natural como extraordinario.

Una mañana antes de comer, Víctor entró en la casita como una tromba, con un envase hermético tal que si fuera un preciado trofeo.

- ¡Mira! ¡he ordeñado a Verónica!
Susana, que estaba ojeando un “Vanity” atrasado se hizo la escandalizada
- ¿¡A tu directora de Marketing!?...
- Jajajaa…no tontina, a una preciosa vaca de raza…no me acuerdo…
- Pero…¿cómo lo has conseguido?...¡No me digas que contándole tu teoría conspiranoica sobre el Club Bilderberg!. ¡Pobrecilla! Se habrá aterrado y quedado paralizada, momento que has aprovechado para ordeñarla.
- Jaja..Me ha ayudado Eugenio
- Eugenio…mmm ¿le has pedido su twitter?
Víctor se puso serio
- No, no tiene
(pausa)
- pero como lo he hecho tan bien… me ha agregado a su Linkedin

Ambos estallaron en risas escandalosas durante un buen rato y se abrazaron, pellizcándose, hasta que tropezaron con la lechera hermética como un silo nuclear que rodó sin verter una gota.
-Susana…
No se si eres consciente de que no nos reíamos tanto, desde hacía mucho tiempo.
Su mujer apretó los labios y asintió con un gesto emocionado.

Estas noches, no tengo ni idea de porqué, he soñado mucho…con mis padres, con amigos… algunos están muertos como podría haberlo estado yo, de un infarto, de un accidente vascular…Ya sé que la vida es frágil y te juro que no me he acobardado; ¡al contrario tengo muchas ganas e hacer cosas: viajar contigo, vivir…Vivir, de por si es un riesgo. No es miedo, es que creo que debo girar el timon. Ya he dado mucho a mi profesión. Ahora necesito hacer…algo más personal. Quiero escribir.
Tú… ¿qué opinas?.
Susana se levantó con gesto decidido y se dirigió resuelta, a su maletín.
-Toma. Me parece que tendrás que escribir tu renuncia en modo analógico. A mi me parece más poético. Los folios son de fotocopiadora pero la pluma es una Mont Blanc.

El día de la presentación de su libro estaba nervioso como si fuera la primera vez que hacía algo importante y feliz como nunca. Más orgulloso que pudiera haberlo estado el día que consiguió la primera cuenta millonaria.
Cuando fue presentado por el editor, al dirigir su vista al público tuvo un instante de pánico porque creyó ver nuevamente al Capitán Acab y pensó que le repetía el ataque. Se le pasó rápidamente al darse cuenta que por supuesto se trataba, sencillamente de un joven con barba hipster.

-Quiero dedicar esta mi primera novela a Verónica, a D.Eugenio, y al tranquilo mar de castaños, el único lugar donde aún puede navegar el “Pequod” a la búsqueda de “Moby Dick”.

Al acabar su alocución, el renacido Víctor Valdivieso se vio rodeado de abrazos y felicitaciones mientras el público asistente aún seguía aplaudiéndole. Entre ellos, el hipster que lo hacía efusivamente, ayudándose incluso de su anacrónica pata de palo que golpeaba contra el suelo a modo de ovación.

Fecha: 1419206400
Hora: 20h
Lugar: Galeria artmallorca, Missió 26 Palma.